AD HOGAR ALCARREÑO SAD

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Más de 50 años marcando goles...

En un partido de los que quedan para el recuerdo, el conjunto blanquiazul demostró una entereza colosal para doblegar a un gran rival en su casa (2-3) con un final de infarto. Tras remontar en la primera parte y sufrir un agónico empate en el descuento, Sierra firmó una obra de arte desde el córner para rubricar una victoria merecida.

El encuentro comenzó con el Seseña mostrando sus cartas. Los locales, bien conjuntados y con una clara disposición táctica, salieron con la intención de morder pronto. Su juego, basado en un buen movimiento de balón y la velocidad punzante de sus extremos, dio sus frutos en los primeros compases, adelantándose en el marcador con un gol temprano que parecía anunciar una larga tarde para los visitantes.

La sentencia pudo llegar en el minuto 30. Un disparo a bocajarro, casi imparable, se estrelló contra la figura de un ágil Rubén. El guardameta alcarreño, otra vez, realizó la parada decisiva del partido, una intervención que no solo evitó el 2-0, sino que electrizó a todo su equipo. Fue el punto de inflexión. Contagiados por la gesta de su portero, los blanquiazules se hicieron dueños del compás del partido. Comenzaron a ganar duelos, a pelear cada segunda jugada y a tejer fútbol con convicción.

El aviso serio lo dio Juan Luis, tras una vertiginosa combinación de pases que lo dejó solo en el área. Su remate, con la punta del pie, fue desviado por un defensa in extremis. Pero lo que es inevitable acaba llegando. En una jugada calcada, de asociación rápida y precisión, el balón llegó a Sopeña El jugador visitante, elevó el esférico por encima del guardameta para marcar el gol del empate. Desconcierto total en el equipo local.

El Hogar, ahora imparable, creció en su fútbol. Las ocasiones se sucedían y, a la salida de un córner, llegó el golpe de efecto. Harry, con la caña preparada, mandó la pelota a la red sin que nadie  de la defensa pudiera reaccionar. Era la última jugada de la primera parte.

El descanso llegaba con un giro inesperado en el guion: 1-2.

La reanudación fue un calco de aquellos minutos finales de la primera parte. El Seseña lo intentó hasta lo indecible, pero la intensidad y concentración de los blanquiazules apenas daban opción. Allí donde había un jugador rojillo con intención de progresar, surgía de inmediato un blanquiazul para disputar el balón, interceptar el pase o desbaratar la jugada. El dominio fue tan abrumador que el Hogar pudo sentenciar en dos, tres y hasta en cuatro ocasiones de las más claras que se pueden imaginar, pero sin la fortuna necesaria.

Este hecho mantuvo con vida al Seseña, que nunca dejó de pelear. Y en el momento más cruel, en la única fisura defensiva de todo el partido, un tiro cruzado encontró la red en el descuento. Empate agónico y euforia local. El partido, que parecía controlado, se transformó en un infierno en los segundos finales, un desafío solo apto para los más templados.

Pero este Hogar Alcarreño está hecho de los mejores mimbres. Lejos de temblar, devolvió el golpe en la jugada soñada por todos los puristas del fútbol. En el último aliento, casi sobre el pitido final, Sierra botó el balón desde el córner. Su centro, una parábola envenenada y directa, buscó la meta con malicia. El guardameta local, sorprendido, erró en su intento de despeje y vio como el balón se colaba ante sus ojos. 

Remontar dos veces ante un equipo tan solvente y bien posicionado como el Seseña, hacerlo con coraje, fútbol de calidad y un gol para la historia, define la identidad de un proyecto extraordinario. Estos tres puntos de oro no solo suman en la tabla, sino que forjan el carácter de un equipo que cree en sí mismo hasta el último segundo. Una gesta colectiva que tardará en ser olvidada.

¡Aúpa Hogar!

 

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