AD HOGAR ALCARREÑO SAD

AD HOGAR ALCARREÑO SAD

AD HOGAR ALCARREÑO SAD

Más de 50 años marcando goles...

El Horche y el Hogar Alcarreño se dieron cita en el campo de San Roque ante sus seguidores más fieles. Ambos equipos fueron protagonistas de una tarde de fútbol emocionante donde la igualdad reinó de principio a fin.  

Empezó el partido con gran intensidad y ritmo de juego por parte de los locales y con alguna marcha más que los visitantes. Todo ello se materializó en un cerco a la portería hogarista pero con escasos frutos. Las galopadas de los extremos verderones fueron la tónica de los primeros minutos. Al mismo  tiempo, los blanquiazules amortiguaban los envites de la delantera local con cierta facilidad. Transitó el juego de ambos equipos hacia el medio del campo donde la disputa del balón fue constante, a la vez que estéril. Como en la guerra de trincheras los equipos mantenían sus posiciones y los tímidos avances eran nulos de cara al marcador. El juego se desarrollaba en un estrecha franja de terreno, donde la superpoblación de futbolistas impedía el juego fluido y los cabezazos, despejes, pelotazos y patadones -al balón- fueron los lances más vistos. Bajó la intensidad con la que se desempeñaba el equipo de Horche y el Hogar fue avanzando sus líneas. Las tornas habían cambiado y la portería con más apuros era la local. Luque y Cañadillas disfrutaron de ocasiones que no acabaron en la red porque no era el día, debía ser. Así, con empate a cero en el marcador y lamentando las ocasiones perdidas, se fueron al vestuario los veintidós futbolistas.

La segunda parte arrancó como la primera. Los locales salieron a por todas, llevándose casi todos los balones en disputa y con el punto de mira en las bandas. Pases en diagonal hacia los extremos pusieron en aprietos a los defensas capitalinos que se las veían tiesas para mantener a raya las acometidas de los verderones. Un balón por la derecha, a la espalda de la defensa, acabó con  Oscar (8), el extremo, frente al portero hogarista. Rubén, batido mediante disparo cruzado y a pesar de desviar el balón en su estirada,  solo pudo recoger el esférico de entre las redes. Se ponía el equipo local por delante en el marcador y todo el mundo esperaba verlo esperar atrás, para guardar el resultado. Todo lo contrario, avivó el ritmo para hacer trizas la defensa blanquiazul y llegó un segundo gol de Oscar (8). Segundo gol que parecía sentenciar el partido a falta de veinte minutos para el final. 

El Hogar, que parecía noqueado, había hecho los cambios y empezado a hilar su juego. Heridos en su orgullo, los blanquiazules desplegaron fuerza y arrestos para acercarse en el marcador y dispusieron de ocasiones aunque sin éxito. Hasta que, en una jugada perfectamente trenzada, el balón acabó en los pies de Cañadillas -con espacio para maniobrar- para,  de un zapatazo al borde del área, mandar la pelota al fondo de la portería rival. Quedaban quince minutos y los visitantes, viendo posible lo improbable, se animaron unos a otros con gestos y gritos primitivos. La conjura estaba hecha y el equipo creció en todos los sentidos. 

Mientras tanto, el Horche se vio en la encrucijada de defender el resultado o de ir a sentenciar. Estas dudas las aprovechó el Hogar para hacerse dueño de los minutos restantes para el final. Con ímpetu, con prisas y con la precipitación propia de las grandes gestas fueron en busca del gol del empate. A esto, el Horche achicaba balones como podía, hasta que en una disputa cometió falta a unos cinco o seis metros de la frontal. Luque protegió el balón para acabar con los intentos de los jugadores locales por alejar el balón. El colegiado resolvió el pleito con una decisión salomónica y colocó el balón unos metros atrás. Cañadillas estaba allí esperando. El balón, sobre el suelo, estaba a la distancia ideal  y el “ocho” inició la carrera para el golpeo. El balón salió teledirigido en bella parábola hacia la escuadra derecha del portero para besar el larguero. La pelota, rechazada por la madera, y cuando parecía entrar en la portería, de forma milagrosa, cambió de trayectoria gracias a la estirada de Adrián (1). Volvía al juego el balón para, en un cúmulo de rebotes, remates y despejes fallidos, llegar donde estaba Yago y rematar definitivamente. 

El Hogar había conseguido el empate, a falta de un minuto para cumplir con el tiempo reglamentario. Como es lógico, se desató la euforia entre los jugadores hogaristas. Apresurados y con más ganas que cabeza, intentaron ir a ganar el encuentro pero no hubo tiempo suficiente.

El próximo partido será en la Fuente de la Niña ante el AD Seseña.

¡Aúpa Hogar!

 

Loading Mastodon feed…

Siguenos en…

OTRAS CRÓNICAS Y NOTICIAS RELACIONADAS...

quiero recibir noticias del hogar

Déjanos tu email y te tendremos informado sobre todo lo que pase a lo largo de la temporada.