AD HOGAR ALCARREÑO SAD

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Más de 50 años marcando goles...

“El Jaenal” de Yunquera de Henares fue el escenario perfecto. Un marco de rivalidad provincial, un césped que acogió un partido de fútbol con mayúsculas, y un público que vivió noventa minutos de pura emoción. El encuentro entre el Yunquera y el Hogar Alcarreño prometía intensidad y no defraudó: fue un duelo igualado, vibrante y con el resultado final en vilo hasta el último segundo.

Desde el saque inicial, las alternativas fueron constantes. Ambos equipos salieron con la intención de llevar el peso del juego, creando un espectáculo entretenido donde la intriga de quién se llevaría los puntos permaneció intacta hasta el pitido final.

Fue el equipo local quien sacó primero la artillería. A los pocos minutos de comenzar el encuentro, un disparo, desviado por la defensa hogarista, despistó por completo al portero blanquiazul. Esa jugada típica, en la que el balón y el guardameta acaban yendo por caminos opuestos, supuso un mazazo para el Hogar, que hasta ese momento había esbozado ocasiones de cierto peligro.

Pero el carácter del Hogar Alcarreño es bien conocido. Lejos de hundirse, el equipo se rehízo en apenas unos minutos e intentó imponer su juego con determinación. Sin embargo, el Yunquera, ahora con el viento de la ventaja a su favor, se agarró a su contundencia, fuerza y velocidad para contrarrestar cada acometida visitante. El partido se convirtió entonces en un bello duelo de estilos, igualado en fuerzas y ocasiones, un pulso que así se mantuvo hasta que sonó el silbato anunciando el descanso.

La segunda parte fue un calco de la primera en lo mejor: intensidad, lucha y deportividad en cada disputa. Con el reloj en la cabeza, el Hogar Alcarreño comenzó a ejercer una presión más constante. Mediada la segunda parte, los blanquiazules ya habían generado ocasiones de sobra para igualar el marcador. Solo una defensa numantina de la portería local, que llegó a evitar dos goles casi sobre la misma línea de meta, mantenía con vida al Yunquera. La ley del fútbol dictaba que el gol visitante llegaría por pura decantación.

Y así fue. Aprovechando un momento de relajación en el área local, fruto del lógico desgaste físico y el derroche de fuerzas, apareció Jesús. Con precisión quirúrgica, su remate se coló llorando junto al palo, desatando la euforia del banquillo visitante. 1-1. Igualdad máxima y las espadas en todo lo alto hasta el pitido final.

El duelo terminó como empezó, en un justo empate. Dos equipos que lo dejaron todo en el campo, que se respetaron y que ofrecieron un espectáculo que engrandece el fútbol provincial. Un punto saboreado de forma diferente: con algo de alivio en casa y con sabor a poco fuera de ella, pero con la certeza de que ambos dieron una lección de pasión y deportividad sobre el césped.

¡Aúpa Hogar!

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