AD HOGAR ALCARREÑO SAD

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Más de 50 años marcando goles...

La Fuente de la Niña fue testigo de un duelo de nervios, emociones contrapuestas y un final agónico que se decidió en los instantes finales. El Hogar Alcarreño se llevó los tres puntos ante un valiente Cabanillas B en un partido en el que todo estuvo en juego hasta el último suspiro.

Como dictaba el guion, el partido fue un pulso igualado desde el saque inicial. Fue el Hogar Alcarreño quien, con paciencia, encontró la manera de romper el equilibrio. En una jugada de estrategia, un despeje fallido del portero visitante tras un balón parado encontró a Harry, quien compuso una obra de arte: un golazo al primer toque que se coló por encima de un adelantado arquero.

Con la ventaja en el marcador, el equipo local se replegó ligeramente, esperando su oportunidad para administrar el ritmo y buscar un segundo gol que le diera tranquilidad. Sin embargo, el fútbol a veces es cruel, y un desafortunado contratiempo llegó antes del descanso. Un balón en propia puerta, en una acción de fortuna, devolvió la igualada al marcador justo cuando se acercaba el descanso, dejando el 1-1 que no reflejaba el dominio inicial local.

La segunda parte mantuvo la misma tónica de intensidad y lucha por cada balón. El Hogar Alcarreño, sacudido por el gol en contra, salió con más hambre y se topó con la madera. Sierra estrelló el balón en larguero en no uno, sino en dos ocasiones.

A partir de ahí, el Cabanillas B creció. A medida que avanzaban los minutos, el equipo visitante encontró su mejor versión, dominando el encuentro y lanzando rápidos y peligrosos contrataques que pusieron contra las cuerdas y exigieron al máximo a la defensa blanquiazul, que tuvo que emplearse a fondo para mantener el empate.

Cuando todo parecía encaminado a un reparto de puntos que hubiera sido justo por el esfuerzo de ambos, llegó el arreón final del Hogar. En los minutos de descuento, el empuje del Hogar culminó con varios saques de esquina consecutivos que sembraron el caos en el área visitante. En ese forcejeo, el balón cayó mágicamente a los pies de Sáez en el interior del área pequeña. No dudó y disparó con frialdad para marcar el 2-1 definitivo.

No hubo tiempo para más. El pitido final desató la alegría entre los blanquiazules y sumió en la frustración a un Cabanillas B que había peleado sin tregua y vio cómo se le escapaba un punto (al menos) que tenía casi en el bolsillo.

¡Aúpa Hogar!

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